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miércoles, 24 de abril de 2013

Una pequeña casualidad

Estás en el momento equivocado, en el sitio equivocado, escuchando lo que no debe llegar a tus oídos y traspasa hasta tocarte el alma. Lo que se llama una pequeña casualidad. Vueltas, vueltas y más vueltas. Tu cabeza es un torbellino de ideas, no sabes que hacer, no sabes como reaccionar. 

Esperar, muchas veces la solución es esperar. Pero ¿Y si nunca te han enseñado a esperar? De todas formas te da igual la espera, no quieres que llegue. ¿Dónde está ese botón que para el tiempo? Lo echo de menos a pesar de nunca conocerlo. 

Y entonces es cuando te preguntas ¿así es la vida, no? Y si no lo es, aprendemos a que sea. Un palo tras otro y el anterior dolerá menos que el de ahora. Pero el de ahora se deja sentir. Quizás mañana me acostumbre, quizás mañana no pese tanto o tal vez ni siquiera vea que está ahí, pero ahora ha dejado caer todo su peso como una losa. Y ahí estoy aguantando hasta que venga alguien y de un último golpe o haga pedazos lo que hoy no me deja dormir. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Never Give Up

Porque las cosas duelen y duelen, porque no importa que pase el tiempo hay cosas que son incontrolables a nuestros sentimientos, porque podemos sentir felicidad o tristeza en momentos en los que nuestra racionalidad dice que no tendríamos porque reaccionar así, pero el caso es que lo hacemos y a lo último que solemos hacer caso es a nuestra razón. 

Es posible que lo que hoy nos provoca una sensación, mañana o con el paso del tiempo nos provoque la contraria o simplemente ninguna. Pero cuando estás feliz y de momento aparece algo que te cambie el humor  es imposible no querer que pase el tiempo para poder decir, hasta aquí. Aunque el verdadero problema reside en que no está en tu mano controlar que pasará, que sucederá y como reaccionará la gente. 

Así que me propondré escuchar a mi cabeza y no al primer golpe que sienta mi corazón, porque detrás de cada pequeño golpe hay algo que no deja profundizar y que me mantiene en pie, se llama esperanza, ilusión, sueños, alegrías, que están ahí y van a seguir estando. Porque si hay cosas que duelen también sé que hay cosas que me hacen mucho más feliz y eso es lo importante. Porque no hay charlas sinceras que no destruyan todos los demonios que una lleva por dentro. 

sábado, 7 de enero de 2012

Tras reyes...

Ha pasado ya el día de reyes, ya se han entregado todos los regalos, aunque yo aún tengo algunas cosas por entregar y haré pronto. He sido tan feliz como pueden serlo los niños pequeños con un nuevo regalo, mi felicidad mayúscula con cosas que no esperaba, porque realmente no pedí nada para este año y aún así lo he recibido, y todo apunta a que en este año he tenido que ser alguien muy buena, porque no es normal tanto para alguien como yo, o no creo merecer todo lo que me han dado. 

Hoy es sábado y ya ha pasado un día desde que abrí esos paquetes con unos envoltorios tan coloridos, la euforia del día ha pasado, pero la felicidad por tener esos regalos sigue acompañándome. Hoy sin embargo estoy más tranquila, un poco descolocada por todo lo que he visto que tengo y pienso si merezco, pero que ahí están. 

Además en poco tiempo he tenido dos conversaciones muy importantes, con dos personas diferentes, cada una me deja con un sabor de boca diferente. Lo único que saco de ellas es que cada día, a cada paso, a cada momento sigo andando, si me quedo quieta el tiempo avanza, si me muevo, el tiempo sigue avanzando, y haga lo que haga al final todo sigue. Me toca aprender de lo que vivo y de lo que tengo, de lo que me dan y recibo, porque todo es por algo y sólo hay que encontrar un porqué. 

martes, 6 de diciembre de 2011

Reflexiones de una tarde

Hay días en los que no se tiene tiempo para reflexionar o simplemente no lo hacemos por no querer hacerlo. Pero hoy en contra de todo pronóstico, me han lanzado dos preguntas que me han hecho pensar mucho más de lo que creía: "¿qué cambiarías de tu mundo?" y "si hoy fuera tu último día ¿qué harías?". 

La entrada está hecha más que por otra cosa, porque no he podido dejar de reírme cuando con un café por delante y una cara seria me han dicho "tengo una pregunta trascendental que hacerte" y no he podido dejar de pensar que ese momento se merecía un poco de protagonismo en mi blog.

Pues bien, con la tontería he dedicado parte de mi tarde en el intento de dar respuesta a estos dos interrogantes. A la primera de ella tras diez minutos pensando, he llegado a la conclusión de que si no había encontrado ya una respuesta, todo indicaba que no había nada que mereciese un cambio. Mi vida ahora es diferente a como era hace simplemente unos meses, hay momentos diferentes, más complicados o más fáciles, pero está bien como está. Soy afortunada de tener trabajo y poder dedicarme a lo que realmente me gusta y me hace feliz, tengo una buena relación con mi familia y unos grandes amigos. Mi vida sigue avanzando y no quiero cambiar nada de ello.

En lo que respecta a la segunda pregunta... creo que he dado una respuesta rápida porque aún no estoy muy segura de que haría ese último día. Supongo que existen varias probabilidades. Una de ellas es vivir mi día igual que si fuese otro normal, simplemente siendo más feliz, sin darle importancia a las cosas. Otra alternativa es cambiar la forma de vivir la vida, es decir, hacer lo que realmente quiero, como quiero, sin importarme lo que los demás digan, porque total nadie podrá decirme nada al día siguiente y siempre por supuesto rodeada de la gente que quiero. Y la última, hacer alguna locura, quizás viajar lejos, pasarlo bien y realizar alguno de los sueños que aún no he cumplido. Pero esta respuesta, nunca se sabe. 

Mientras tanto sigo viviendo mi día a día, disfrutando de los momentos que como el día de hoy me ha regalado y me han hecho feliz, muy feliz, donde las risas me han acompañado durante toda la tarde y donde el final ha sido un gran final. 



martes, 22 de noviembre de 2011

Sábado inolvidable

Han pasado ya unos días desde que terminó el sábado, y sin duda ha sido uno de esos días que recordaré por mucho tiempo porque se sale de lo normal y con muy pocas probabilidades lo volveré a vivir alguna vez  igual o si quiera parecido.

El sábado en la mañana tuve uno de tantos cursos que termino haciendo por no saber decir que no. El lado positivo es que al final podré utilizarlo en algún momento y me estoy formando. El negativo que se roba el poco tiempo que me pueda quedar libre, pero bueno ahí seguimos. Lo mejor comenzó luego, cuando me reuní con dos amigas para comer juntas, disfrutando de buenos momentos, risas y sonrisas. 

A la tarde, después de un viaje de dos horas, comenzó la que sería una noche inolvidable compartida con la gente que quiero, y a la que quiero de verdad, de la que necesito tener en mi vida y quiero tener siempre. Esto lo supe cuando paré en mi frenética vida y reflexioné sobre cosas que a nivel particular me hacían sentir incómoda... pero lo necesitaba y me alegro por ello. No puedo decir que me haya servido para tomar decisiones, pero me sirvió para aclarar dudas, descubrir que hago montañas de granos de arena, ver que tengo cosas inmerecidas y que debería de sonreír mucho más por todo. 

Después, sin duda vino el viaje de vuelta. Otras dos horas en plena noche que fueron  tan intensas o más que la  propia noche en sí. Fueron verdades, confidencias, sentimientos expuestos, sonrisas, silencios compartidos, huidas a las verdades que no me gusta escuchar o aceptar. En definitiva, confianza, una dosis muy, muy alta de demostración de confianza, que hace sentir a una más especial de lo que debería por saberse tan especial para otro y no creerse merecedora de ello, no a ese nivel. 

Las conclusiones de este día, es que hay momentos que se viven solo una vez y hay que aprovecharlos, así como cuidar a los amigos que tenemos, y más cuando algunos de ellos peligrosamente pasan a ser más que amigos porque pasan a ser parte de esa familia que tú eliges en la vida y eso supone arriesgarte con todas las letras a confiar en ellos por trabajo y mal que sepas hacerlo, y en eso aún estoy aprendiendo. Porque quiero poder dar la mano con los ojos cerrados y no sentirme desesperada por abrirlos. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tarde de lluvia

Hoy se me ha nublado la vista dos veces, hoy se han deslizado por mi rostro lágrimas traicioneras que me dejaban indefensa ante las verdades que escuchaba y yo misma decía. He enfrentado a una de las personas más importantes ahora mismo en mi vida, con palabras que posiblemente hayan herido y que se negaban en un principio a salir de mi garganta. 

Y ahora todo lo que siento es miedo y ganas de seguir llorando. Miedo porque sólo esta persona es capaz de ver a través de mí, a través de mi coraza y verme llorar, sentir que le tengo tanta confianza que no me importa lo indefensa que pueda verme porque nunca lo utilizará en mi contra, porque si caigo se agachará a mi lado y me ayudará a levantarme, porque si sigo llorando hará que deje de llorar. Y quiero seguir llorando porque aunque la conversación ha terminado, he tenido tanto miedo de que cambien las cosas, tengo aún tanto miedo de que ya no todo sea igual, que asusta.

Lo raro es que no me arrepiento de haber sido sincera, tampoco cambiaría lo que ha pasado, porque aún así creo que esto, aunque solo es un poco, me ha hecho crecer, me hace ver que puedo enfrentar los cambios, y por sobre todo que tengo a alguien que le importo más de lo que yo nunca hubiese imaginado, y a pesar de no poder nunca posicionarme en el lugar de otra persona, empiezo a leer en su rostro más allá de una sonrisa.

Ha sido una tarde de lluvia en mi vida, pero después de la tormenta llega la calma...