martes, 19 de marzo de 2019

Monotema

Hace unos días quedé por la noche con un amigo, de esos que siempre están ahí tras el primer tono de llamada, al que le pides caprichos como que te recojan con la moto y vienen, a los que le puedes contar tu vida sin ocultar detalles y no te juzgan sino que te escuchan. Eso amigos que han estado y siguen estando, que tal vez no nos vemos todo lo que querríamos o podríamos pero que al fin y al cabo cuando nos volvemos a ver nada cambia. 

Esta vez la llamada de auxilio la hizo él, tuvo el coraje de contar que estaba mal (no siempre es fácil) y dijo que necesitaba hablar, ver la vida desde otra perspectiva y más de una cerveza para llegar al día siguiente con una significativa resaca. Por lo que también le fue necesario un café, unas tapas y parte de la tarde... porque hay problemas que no arrancamos en una sola sesión de terapia. 

Escribo esto no por lo que me contó en la noche, si no porque al final todo se reduce al mismo monotema y podéis llamarlo como queráis, amor, cariño, pareja, celos, novios y novias, más, locura pasajera, intensidad, miedo, lucha y coraje porque cualquier palabra en algún momento la podemos relacionarlo con el mismo concepto. El nombre podéis elegirlo vosotros/as. 

Las historias son distintas, los personajes también. Había momentos en los que su historia se entremezclaba con la mía, en la que me veía reflejada y otros en los que no tanto pero en los que podía entenderlo. Al final todos repetimos idénticos pensamientos e inseguridades, todos tenemos que luchar con nuestros propios fantasmas, esos que acaban siendo los mimos pero ocultos con distinta sábana. 

domingo, 3 de marzo de 2019

Ser sociable

Hoy me han hecho sentir mal. Me han hecho ver que soy "sociable" y ojo que para mí esto no es negativo, si no que el problema viene de la manera en que me suelen decir que lo soy.  

Empiezo reconociendo que soy una persona social y que me gusta estar rodeada de gente, me encanta. Disfruto de una buena charla con una sola persona o con un grupo de gente, no me asustan los sitios concurridos, parte del encanto que le veo a mi trabajo es que es con personas (muchas), creo que la gente te da más alegrías que tristezas, me relaja observar escenas de personas en una playa o un parque, me lo paso bien cuando hablo por teléfono también con amigos... 

Pero estoy cansada de que  algunas personas hagan referencia a eso mismo en tono despectivo, que cuando no salga de mi casa pregunten con extrañeza que cómo que estoy sola, que si no cojo el teléfono porque está en silencio directamente intuyan que he quedado, que cuando sí que reconozco que he salido me digan "para variar" o "me lo imaginaba"... me alegra ser tan previsible pero no juzgues una parte de mí, no juzgues mi forma de ser, porque si eso no te gusta, no te gusto yo. 

Me hacen sentir mal, porque sí, me gusta estar con gente, sí hablo más que callo y sí una cerveza con una buena charla puede estar entre mis mejores momentos del día. Pero ¿Por qué me juzgan? ¿Qué tiene de malo querer estar rodeada de personas y que me guste poco la soledad que da cuatro paredes? Y con esto no quiero decir que no disfrute de momentos a solas, de escuchar yo música en mi cuarto, de conducir sin compañía (¿por qué cree la gente que muchas veces no utilizo blablacar?...), de salir a correr y no necesitar a nadie. 

Se que muchas veces ganamos a pulso que nos digan tal o cuál, pero hay mil maneras de decirlo, cuidando el trasfondo que se da y las veces que se dicen. A veces me pregunto si es que piensan que no tengo casa, que tal vez duermo en albergues para así poder estar rodeada de gente y claro, concierto y manifestación que hay ahí estaré yo porque no estoy sola, ¿no?. Pues NO, se equivocan, ser sociable no es sinónimo de tener que cerrar bares o abrirlos, tampoco es sinónimo de no entrar en tu casa, ni mucho menos de que si no coges el teléfono es porque estás rodeada de gente. Que no. 

Que ser sociable es querer reír acompañado y no solo, es querer compartir lo que te pasa sin miedo a contarlo porque soy persona y a todos nos acaban pasando cosas similares, ser sociable para mí es preferir un momento en un bar que estudiar en casa (pero no, no tener cabeza para saber elegir cuándo una cosa y cuándo otra); y sí, ser sociable sí es querer hablar por teléfono pero no vivir pendiente al segundo de él por si te llaman... pero no me juzgues por no llegar a tiempo y responder y directamente pensar que estoy con más personas, porque NO. 

Y siento mucho que eso sea un problema para mucha gente porque no voy a dejar de ser sociable por mucho que no guste, como tampoco puedo dejar de ser rubia. Porque si mi familia entiende mi personalidad, si mis amigos de verdad aceptan algo como esto, haciendo bromas (atención, sin maldad) sobre la cantidad de personas que soy capaz de saludar en un sitio concurrido y lleno de gente, ¿quién eres tú para soltar como un resoplo o un bufido que estoy con gente... y si así fuera ¿cuál es ese gran problema?

Estar con gente no me quita de cuidar a la gente que quiero, se mantener a personas en mi vida sin que otras ocupen el tiempo de los demás... por eso tal vez, porque me gusta cuidar a mis amigos sea que me critican... pero en el coche mientras conduzco busco tiempo para hablar con algunos, llamo por teléfono en un supermercado, quedo por la noche si puedo, de vez en cuando envío un audio a esa gente con la que vamos perdiendo el contacto... porque al final ser sociable se trata de cuidar a la gente que te rodea y a la que no puede hacerlo por la distancia. 

jueves, 31 de enero de 2019

Adaptar realidades

El título que estáis leyendo no es mío, lo he robado de una conversación que tuve no hace muchos días con alguien que para mí es especial. Y es que nos encontramos viviendo una realidad que no es la que queremos, pero tampoco la peor que tenemos y la cuál nos obliga a ser trapecistas de nuestras propias vidas porque lo contrario si quiera se contempla. Hay que vivir la realidad que tenemos y adaptarla para sacarle el mayor jugo a la vida... pero ¿hasta que punto nos conviene hacer algo así?

La realidad es la que es, imposible no hay nada, pero tampoco parece que la palabra posible encaje en este puzzle. Tras haber hecho una declaración de intenciones... yo me pregunto ¿ahora qué? ¿Debo vivir sabiendo lo que sentimos pero aceptar que nada pasará? Si dos personas hubiesen hablado tan claro como nosotros, estoy segura de que la situación sería muy distinta a la que mantenemos. Sin embargo, la realidad golpea una y otra vez implacable.

A veces me gusta leer poesía (más que a veces) y siento un cosquilleo agradable cuando me veo reflejada en unas palabras que no escribí pero que podría hacer mías. Porque si yo estoy ahí, tú estás también conmigo. La poesía expresa mucho más que las letras que compone un poema y me gusta por eso, porque me hace soñar, me hace sonreír y sobre todo porque escapo de esa realidad y porque la adapto, tal y como me aconsejas.

La realidad adaptada no es algo que nadie quiera vivir pero a lo que estoy segura, que muchos tenemos que hacer frente en nuestro día a día, porque si no es por una cosa u otra adaptarla al final significa vivirla. Así que vivamos lo que tenemos ahora, adaptado o no, sea como sea: vivamos. 

lunes, 31 de diciembre de 2018

Último día del año

Ha llegado el último día del año y con ello el inevitable balance que hacemos de estos 365 días, de como lo hemos vivido, de como lo hemos pasado, de quienes han entrado en nuestras vidas o de quienes se han quedado un año más aguantando los buenos y los malos momentos. 

El balance general, es que ha sido un muy buen año, donde he conocido gente buena y maravillosa, unos compañeros de trabajo que merece la pena tener y con los que vuelvo a repetir un curso más. He tenido suerte con mis alumnos/as y además me gusta la zona y sitio donde trabajo. 

Tengo a mis amigas incondicionales, que siguen estando ahí... y aunque cada vez nos vemos menos, eso es cierto, cada ciertos meses seguimos encontrando un hueco para echarnos unas risas y hablar de todo y nada. Son épocas de cambio entre nosotras porque avanzamos en nuestra vida laboral y profesional, pero no hace que una llamada de teléfono no nos vuelva a acercar como siempre. 

Y que decir de mi familia, esos que siempre están, que siempre mantienen el contacto y no me dejan desaparecer un día sin escribir aunque sea un mensaje haciéndoles saber que estoy bien; esos que recorren kms para verme si yo no puedo acercarme a casa para darles un abrazo, los que si tengo un problema me escuchan y se preocupan por mí, me dan soluciones pero me dejan siempre crecer y equivocarme. 

Ha sido un año largo con 365 oportunidades para crecer y avanzar y también para tropezar y llorar. He tenido de todo un poco, he hecho viajes y conocido nuevos países y ciudades, he reído a carcajadas hasta dolerme las mandíbulas y la barriga, también he llorado y me he desesperado como nunca, he perdido chaquetas por el camino, he ido de conciertos y al teatro, he seguido compartiendo el tiempo con aquellos que me quieren, les he quitado tiempo a quienes me hacían daño, he encontrado el balance con algunas personas y sobre todo y más importante he aprendido a ser feliz, muy muy feliz. 

Gracias a este 2018 que se acaba y todas aquellas personas que han formado parte de él, tanto bueno como malo, pero muchas gracias. Ha sido sin duda un placer poder llenar un poquito más la mochila que llevo a la espalda con tantos recuerdos compartidos. 

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Insomnio

Llevo más de media hora dando vueltas en una cama que ya se me queda chica, cuando curiosamente es más grande de lo necesario para lo que ocupa mi cuerpo. Me ha dado tiempo a imaginar miles de historias que nunca viviré, a recordar miles de momentos que ya viví y a no dejarme reflexionar sobre ciertos aspectos que no quiero pensar. 

He optado por abrir spotify y escribir sobre nada y sobre todo. Ahora suena una de esas canciones que son capaces de relajarme y que me evoca recuerdos de una historia que ya fue. Porque hace solo un par de años me sorprendían cuando escuchaba que hay personas que asocian recuerdos a canciones, ya que yo defendía que la asociación correcta era canciones a recuerdos.... nunca llegamos a un acuerdo... ahora tal vez admita que ambas opciones son ciertas. 

Las canciones me ayudan a pensar, a relajarme, a ser feliz, a terminar de romperme o a encontrar lo que quiero decir. No hay historia que no esté cantada, solo hay que saber rebuscar un poco en cada letra  para encontrar algo que parezca sacado de nuestra vida. Lo que me lleva a pensar que todos estamos irremediablemente condenados a vivir ciertas situaciones, no todas malas ni buenas, que nos ayuden a bailar lo que el destino nos presenta. 

En momentos así, me ayuda a sentirme menos sola o perdida... si otros han escrito y cantado lo que yo siento, si hay alguien que también se reconoce en un verso de una canción, el problema parece menos problema. Mi problema, dificultad o situación no es exclusiva y siempre puedo buscar otra canción que tenga la solución al problema, que me haga sonreir y querer moverme.  

miércoles, 17 de octubre de 2018

Se exprimió la última risa

He escrito tantas veces esta primera frase de esta nueva entrada, que he perdido la cuenta de ello. Probablemente el motivo sea que no se que quiero escribir, o que no quiero escribir lo que otros puedan leer, o que simplemente no estoy en mi mejor momento de inspiración....

O tal vez sea que no me doy tiempo para pensar y darle vueltas a la cabeza, porque directamente prefiero mantenerme ocupada, hacer mil cosas, matar el tiempo con cualquier cosa que no sea tu imagen en mi cabeza. 

Cada vez tu recuerdo es menos nítido y eso es culpa de ambos, ya que hemos ayudado a base de golpes. Hemos retorcido los recuerdos hasta exprimir la última risa. Necesitamos tiempo y espacio, necesitamos olvidarnos y cuidarnos. 

He visto pasar oportunidades delante de mí que han volado por tu recuerdo, y nadie tiene más culpa que yo. Pero he decidido que a partir de ahora quiero aprovechar lo que me viene, arriesgarme y que me de menos miedo enfrentarme a unos nuevos ojos, una nueva mirada y una nueva sonrisa. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Trenes que se van

Lo que más duele no es la herida, sino el motivo por el que permitimos que nos hieran. Es incontrolable tener expectativas ante ciertas circunstancias y personas porque cuando nos fallan, sentimos doble. El enfado y coraje no es solo porque no se acordaron de ti, si no porque tú misma esperabas y apostates a que sí que te escribirían un solo mensaje. 

Te dolió cuando esa mañana no supiste nada, te dolió cuando por la tarde tampoco hubo noticias, pero te remató cuando por la noche solo dijo buenas noches sin ningún mensaje más... porque fingiste una sonrisa de oreja a oreja tras un texto en una red social y en lugar de pensar en ti, tuviste coraje para preguntar por él. Si hubo lágrimas en tus ojos es algo que solo tu sabrás porque si así fue... era por la certeza de reconocer en el dolor el motivo de éste. 

Y es que hay veces que un mensaje no es valido un día más tarde, ni tan solo un segundo después,  porque como dice el dicho "hay trenes que solo pasan una vez en la vida" y ese ya pasó. Y cuando algo ha dolido tanto y sin pretenderlo, aprendes a poner las barreras suficientes para que no se repita porque no puedes permitírtelo. 

El motivo tal vez no sea suficiente para muchos, ni siquiera para la otra persona, pero con que sí lo sea para ti, es suficiente. No todo el mundo da la misma importancia a una historia, un libro, una canción o un detalle. Pues bien, ese era tu detalle, tu historia, tu libro y tu canción, ese día era tuyo, particularmente tuyo... 24 horas de oportunidades que hubo gente que no supo aprovechar y que por el contrario personas que no esperaste si lo hicieron. 

Te enfada que algo que fue perfecto tenga un sabor agridulce porque le diste a alguien un espacio que demostró no corresponderle y dolió el frío espacio que se quedó en el hueco que debería haber ocupado. Y no quieres desmerecer a quien sí estuvo, a quien si se presentó y a quien sin creerlo te llamo, escribió o grabó vídeo. Son los demás quienes deberían tener mayor importancia y no entiendes que le hace tener tanto poder (en el fondo sí lo sabes pero duele reconocerlo).