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jueves, 16 de febrero de 2012

Días de tormenta

Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama. Porque si algo puede salir mal, saldrá mal, y si no, también lo hará. Ayer fue desde la tarde un día negro, de esos que prefieres olvidar porque se hacen pesados y el ambiente que respiras por la tarde no ayuda. 

Hoy ha terminado mejorando notablemente.Aunque la tormenta tuvo su punto álgido al principio de la tarde. Se ha solucionado todo lo que me preocupaba y parece que el encadenamiento de incidentes nefastos en mi vida ha dicho "stop". Puedo cerrar los ojos y respirar. Cerrar los ojos sin miedo y sonreír, justo como hago ahora.

De todo se aprende, o eso dicen. Pues yo he aprendido algo. Y es que cuando una tormenta llega sin avisar, nunca se está preparado para afrontarla. Pero tienes experiencia de otras anteriores, puedes prevenir mucho más rápido, hacer las cosas mejor y sobre todo saber que si sobreviviste una vez, vas a hacerlo muchísimas más, que si te mojas un poco y el agua te salpica, eso no importa, porque secará sin dejar huella. Y cuando todo termine, el sol volverá a iluminar cada uno de tus días. 

domingo, 12 de febrero de 2012

Un pinchazo...

Me siento como los globos, estoy a un pinchazo de estallar. No me gusta, no soporto la situación. Tengo mucho coraje dentro, me falta que me digan "ey, tu" para o bien explotar y no precisamente de buenas maneras, o para venirme abajo y llorar. No se que reacción voy a tomar, lo único que se es que es tal lo que guardo que no se ni como ponerlo por palabras.

No puedo tener lo que quiero cuando quiero, no puedo decir lo que quiero porque mantener el silencio es a veces mil veces mejor. Escuchar y callar, asentir y.... ¡odio la situación! Necesito liberarme, necesito algo que me haga sentir mejor, porque la presión que tengo en el pecho me dice que no es nada bueno. Puede que no haya ayudado el chute de cafeína que me he tomado esta tarde, o que tampoco ayude que no haya habido nada que lo mejore. 

Sonrisas que se ponen por delante y caras largas que guardas para ti. Buenas palabras que les regalas a los oídos a los demás, y palabrotas e incongruencias que repites en tu mente una y otra vez. Guardar silencio y sonreír, mirar con agrado y que realmente tus ojos sean fríos como el hielo. Y todo para no empeorar una situación que por desgracia a lo lejos no se le ve arreglo. 

No puedo ser lo que no soy, pero es que tampoco estoy dispuesta a serlo. Si tengo que explotar que explote, mientras tanto volaré lejos de esa aguja que amenaza con hacerme perder los pocos papeles que guardo y que me hacen estar tranquila.