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sábado, 31 de marzo de 2012

Siempre llega una tormenta

Cuando se está muy tranquilo, cuando se es feliz, llega algo que irrumpe si no en tu vida, en la de los demás y lo pone todo patas arriba. Te da el miedo y te asustas porque sabes que con mucha probabilidad que te va a salpicar, que si abres la boca podrá ser miles de veces peor.

Entonces tu posición pasa a ser la de silencio absoluto, la de un bajar la mirada y escuchar, mirar de vez en cuando y asentir, decir un comentario que con seguridad sabes que puede ser afortunado y esperar y desear que así lo sea. Luego vuelves al silencio y a escuchar, y así infinidad de veces. 

Y entonces es cuando deseas cerrar los ojos y que todo sea una broma, que termine y haya pasado, que el tiempo en lo que es un segundo se haya convertido en una eternidad. Pero los abres y te das cuenta de que sigues en el mismo sitio, con la misma situación y solo puedes esperar para que todo se calme y a ti siga sin tocarte. Yo por si acaso, seguiré cerrando los ojos y esperando que nada malo pase. Para eso, me convertiré en perfecta o un intento de ello durante un día.

viernes, 24 de febrero de 2012

Empujando lejos

Está claro que la calma nunca se queda el tiempo suficiente para que nos acostumbremos a ella. Y que cuando todo parece ir bien, de la mejor manera posible, de la manera soñada... llega alguien o algo que interrumpe y se cuela en tu mejor momento para oscurecerlo, para darle sombra a esos colores que iluminan tu vida. 

Estoy empujando esa tormenta que se avecina. He escuchado truenos y visto algún relámpago, pero aún no está encima y puede que pase de largo si le empujo con suficiente fuerza. No voy a desistir en ello, voy a utilizar ese empeño que me caracteriza y ese no desfallecer. 

Sé, que no tendría que tener la necesidad de hacer esto, no deberían de ser las cosas así... pero ya que no está en mi mano cambiar nada, acepto lo que tengo, porque he ganado más que perder,  porque difícil o no yo he decidido y yo decido. 

jueves, 16 de febrero de 2012

Días de tormenta

Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama. Porque si algo puede salir mal, saldrá mal, y si no, también lo hará. Ayer fue desde la tarde un día negro, de esos que prefieres olvidar porque se hacen pesados y el ambiente que respiras por la tarde no ayuda. 

Hoy ha terminado mejorando notablemente.Aunque la tormenta tuvo su punto álgido al principio de la tarde. Se ha solucionado todo lo que me preocupaba y parece que el encadenamiento de incidentes nefastos en mi vida ha dicho "stop". Puedo cerrar los ojos y respirar. Cerrar los ojos sin miedo y sonreír, justo como hago ahora.

De todo se aprende, o eso dicen. Pues yo he aprendido algo. Y es que cuando una tormenta llega sin avisar, nunca se está preparado para afrontarla. Pero tienes experiencia de otras anteriores, puedes prevenir mucho más rápido, hacer las cosas mejor y sobre todo saber que si sobreviviste una vez, vas a hacerlo muchísimas más, que si te mojas un poco y el agua te salpica, eso no importa, porque secará sin dejar huella. Y cuando todo termine, el sol volverá a iluminar cada uno de tus días.